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lunes, 14 de abril de 2008
LOS MERCADOS DE DIVISAS

LOS MERCADOS DE DIVISAS
El tipo de cambio es el precio de una moneda expresado en otra. Cuando una moneda está en manos extranjeras recibe el nombre de divisa. Los extranjeros pueden necesitar divisas de un país por que piensan ir en un viaje turístico, por que desean importar bienes o servicios o por que desean invertir en él. En otras palabras: porque demandan bienes, porque demandan servicios, o porque ofrecen capital financiero. Los nacionales ofrecen sus monedas a cambio de divisas por las mismas razones.
Si el precio de una divisa, su tipo de cambio, es alto, habrá poca demanda. Los turistas, al darse cuenta que tienen que entregar mucho dinero para conseguirla decidirán viajar a otro país; los importadores encontrarán excesivamente caras las mercancías. Si el tipo de cambio baja, la cantidad demandada de divisas aumentará. Es decir, la función de demanda de divisas es decreciente como la de todos los bienes. La oferta de divisas manifestará un comportamiento igualmente lógico: cuando el tipo de cambio sea alto se ofrecerá más cantidad de divisas que cuando sea bajo.
Una peculiaridad destacada de los mercados de divisas es la posibilidad de que los bancos centrales intervengan manipulando los tipos de cambio. Cualquier fluctuación en los tipos de cambio es considerada indeseable ya que provoca inseguridad y puede desalentar el comercio internacional. Es por ello que durante largos períodos históricos los mercados de divisas han estado funcionando en sistemas de cambios fijos, en los que los bancos centrales intervenían para mantener los tipos.
El sistema de patrón oro ha adoptado diversas formas durante el período de su vigencia, más de siglo y medio. La forma más pura, el patrón-moneda oro, fue el más extendido durante el siglo diecinueve y hasta la Primera Guerra Mundial. Después aparecieron diversas variedades como el patrón-lingote y los patrones de cambios, entre ellos el sistema del FMI.
En 1973 se añadió una enmienda al Convenio del FMI por la cual se autorizaba a los países miembros a adoptar el sistema cambiario que mejor se adaptase a sus circunstancias particulares. De hecho la mayoría de los países permitieron que sus monedas fluctuasen libremente en los mercados de divisas aunque, eso sí, con la intervención de los bancos centrales tratando de suavizar las tendencias y de evitar fluctuaciones excesivamente bruscas. Es el sistema llamado de flotación "sucia".
Este sistema fue utilizado por muchos países durante los recesivos años 70 y aún sigue siendo el utilizado por muchos países incluyendo al Japón y a los Estados Unidos. Entre sus ventajas está permitir que las políticas monetarias de los países se diseñen atendiendo a la situación interna, con mucha menor dependencia de los problemas que puedan aparecer en los mercados cambiarios. Permanece el inconveniente de que la inseguridad en la evolución futura de los tipos desalienta la expansión del comercio internacional. La aparición de mercados de futuros muy eficientes ha permitido subsanar en parte ese inconveniente.
La flexibilidad del sistema actual y la diversidad de situaciones concretas en que se encuentran muchos países, algunos muy endeudados, otros escasos de reservas, otros con fuerte dependencia tecnológica o de materias primas, hace que se multipliquen los sistemas de pagos internacionales recurriendo incluso con cierta frecuencia a formas que, como el trueque, parecían haber quedado obsoletas. Algunos países han decidido fijar estrechamente el valor de su moneda al de otra. En otras ocasiones aparecen tipos de cambio fijos y múltiples, un tipo de cambio para el pago de deudas, otro para inversiones, otro para importaciones. Algunos grupos de países han llegado a acuerdos mutuos sobre sistemas cambiarios particulares, el más avanzado de los cuales es el Sistema Monetario Europeo que estudiaremos detalladamente más adelante.
DIVISA: unidad monetaria de un país. Por divisa se entiende asimismo el tipo de sistema monetario de un país en dependencia de la base de garantía (oro, plata, divisa papel). El término de “divisa” también se emplea para designar la moneda extranjera que participa en el sistema de pagos internacional (divisa extranjero). Después de la crisis económica mundial de 1929— 1933, todas las divisas de los países capitalistas son papel moneda. Ello hace que las monedas capitalistas sean inestables y se encuentren sujetas a frecuentes crisis, a la inflación (ver) y a la devaluación (ver). Las monedas de los países capitalistas se subdividen en: a) convertibles en otras monedas, b) de convertibilidad limitada, es decir, convertibles sólo en algunas otras, y c) cerradas o monedas utilizables únicamente dentro de un país dado. La convertibilidad de la moneda puede ser completa o sólo parcial: exterior o interior. Cuando la convertibilidad es exterior, la libre conversión en otras divisas sólo se concede a los extranjeros, mientras que para los ciudadanos de la zona dada de divisas se exige un permiso especial de los institutos monetarios del país; si la convertibilidad es interior, los ciudadanos del país gozan del derecho da conversión libre y es de los extranjeros de quienes se requiere la obtención de un permiso especial. Hasta diciembre de 1958, fueron monedas convertibles el dólar de los Estados Unidos, el franco suizo y el escudo portugués. Desde diciembre de 1958, han pasado a ser convertibles la mayor parte de las divisas de la Europa occidental. En el mundo capitalista, las monedas clave, es decir, aquéllas en que se efectúan casi todos los pagos internacionales y que se utilizan en calidad de divisas de reserva, son el dólar de los Estados Unidos y la libra esterlina inglesa. En los últimos años, se viene ampliando el uso del marco germano occidental, del franco francés y de la lira italiana en los pagos internacionales. A medida que disminuye el peso especifico de los Estados Unidos en la economía del mundo capitalista, se debilitan sensiblemente las posiciones de la divisa capitalista fundamental; el dólar norteamericano. La crisis de divisas ha tomado la forma de “crisis del dólar” y se halla condicionada por el hecho de que la agresiva política exterior de los Estados Unidos exige gastos enormes para mantener las bases militares estadounidenses en el extranjero y para prestar ayuda a los regímenes reaccionarios de muchos países. Junto a la exportación de capital privado, los gastos del Gobierno en el extranjero pesan como abrumadora carga sobre la balanza de pagos de los Estados Unidos, cuyo déficit el Estado se ve obligado a cubrir con oro. A ello se debe que durante el período comprendido entre 1953—1963, las reservas de oro de los Estados Unidos se hayan reducido de 22 mil millones de dólares a 16 mil millones. Sufre también crisis la segunda gran divisa capitalista: la libra esterlina inglesa. El Fondo Monetario Internacional, que funciona desde 1946, no ha podido superar la crisis de divisas del sistema capitalista. La moneda de la U.R.S.S. —el rublo— y las monedas de los otros países socialistas se diferencian radicalmente de las divisas de los países capitalistas, lo cual se deriva de la esencia misma del régimen socialista. Las monedas de los países socialistas son las más firmas, pues su cobertura está formada tanto por las reservas de oro como, y ante todo, por la inmensa cantidad de mercancías que se encuentran en manos del Estado y que se ponen en circulación a precios fijos, establecidos según un plan.
martes, 25 de marzo de 2008
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